Con este texto inauguro el blog.
Me lo he encontrado ojeando el prólogo a la edición de 2002 del Diccionario de las Artes de Félix de Azúa (página 16). Habla de una cosa que todos vemos y que a veces nos afecta, pero es que lo dice tan bien.....
"La mercantilización total como principio inseparable de la democracia global, impone un uso cada vez más instrumental del lenguaje crítico. Quienes frecuentan el trato con expertos y profesionales del mundo del arte constatan al instante un valor de cambio novedoso: el de la terminología filosófica. Cuando un comisario examina a los candidatos para una exposición, presta un oído muy fino a la selección de términos que utiliza el postulante. Grupos de palabras como "rizoma", "esquizoanálisis" o "petit a", sitúan en un lugar de la escala estética, mientras que "alegoría", "aura" y "constelación", remiten a otro muy distinto. Desaparecido el concepto de belleza o excelencia como categoría reguladora, el valor de lo significativo, lo actual y lo interesante es, en materia artística, un absoluto.
El uso de términos filosóficos, al sufrir un proceso de fetichismo semejante al de la mercancía lukacsiana, está liberado del conocimiento riguroso de su contenido y funciona a la manera de logos mercantiles. Emplear el término "plateau" o "jouissance" (muchísimos términos son intraducibles, lo que indica su carácter cósico) en el medio inadecuado se interpreta de inmediato como llevar unas Adidas cuando las circunstancias del contexto exigían unos Church. No es un asunto trivial relacionado con la moda, sino un imprescindible conjunto de señales sin cuyo conocimiento es imposible circular por los insensatos nudos de la autopista por donde fluye el producto artístico. Aquel que desconozca los mapas o los tenga algo atrasados, puede sufrir las más incomprensibles y desesperantes pérdidas de orientación. Los términos filosóficos, reducidos a significantes-fetiche, son mots de passe cargados de energía mágica."
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